Querido y admirado Rafael: ¡Qué linda carta la tuya! Inclusive el papel (perdón: sufro del complejo de Pensar) es magnífico (sabrás que soy une amoureuse de papier à écrire, una Gaspara para la Stampa de la estampa, una Louisse Labbé de las imprentas, una Mariana Alcaforado de los tipos (no confundir), una Sajo (no confundir) de todo aquello que sea papel, si bien tengo preferencias, ya justificadas, ya irracionales.)[Carta de Alejandra Pizarnik a Rafael Squirru]
sábado, 9 de abril de 2011
domingo, 3 de abril de 2011
La epístola de la conclusión.
Al que está en Entre Ríos:
Tenemos una relativa independencia. Vos aprovechaste que la gente renueva libretas de DNI por culpa de la benevolencia kirchnerista, y recogiste una de las viejas en la basura bien acumulada en una esquina de ese pueblo que tan bien habitás.
No importaba si la foto o el nombre coincidían con tus atributos, si lo que poseías ya me los habías donado al cien por ciento, y no convenía buscar parecidos para en un futuro inmediato volver a caer en la confusión de cartas en las que queramos desligarnos entre nosotros.Entonces para vos mejor ser, no sé, mujer o transformista y que te guste el sexo opuesto y la usurería sea tu especialidad; y que tengas un libro de autoayuda para que te enseñe las conexiones entre ocasos y estadíos de la conciencia,bueno y la enumeración cae de maduro.
No quiero con esto pretender de vos una respuesta, ni que me enviés el testamento donde me donás toda la existencia, porque ¿seguirás viviendo en la dirección postal donde yo envío esta epístola? ¿o será que te tomaste tan en serio el viejo DNI de una persona cualquiera, que ahora hasta cambiaste de domicilio? Eso implicaría molestar a otros seres, pero eso a mi no me compete. Tal vez mande estas líneas por un correo que jamás te encontrará,y eso a mi no debe importarme, porque aquí está el límite de la ligazón entre nosotros.
"No esperar respuestas"
Como si la escritura tenga el destino del aire, sin una meta fija, más allá de que el inicio tenga un "estimado ...." que hablaría de un destinatario. No. Acá está el engaño preciso y bien dilucidado. Porque todo lo que yo pude escribirte no tiene dueños en las emisiones ni en las recepciones.
Ayyyyy señor o señora de Entre Ríos, no creo que me entienda, pero cada construcción verbal aquí no fue escrita sin el amor ni sin la desdicha que acarreo en cada minutos que fluye el tiempo. Todo lo nombrado tiene demasiado mundo para mi: hay un cielo y una filosofía, hay dos corrientes de agua en lucha, hay tanto viento desgarrado por una ruta. Hya tanto tanto que ¿yo podría decir que eso es mío y que es para que usted se lo apropie?
Ohh, creo que los dos hemos entendido esto. Por eso, el silencio de meses, el respetarnos, y tu decisión de cederme la identidad entera: ahora yo existo demasiado, y vos fuiste a buscar nuevos líos por ahí, que a mi no me incumben.
Entonces, la claridad del asunto exige un brindis, una limpieza a fondo de mi pieza, un cambio en la posición de las plantas, una sonrisa a cada uno que pase por la cuadra, un...
Espero haberme hecho entender lo último por lo menos.
Tenemos una relativa independencia. Vos aprovechaste que la gente renueva libretas de DNI por culpa de la benevolencia kirchnerista, y recogiste una de las viejas en la basura bien acumulada en una esquina de ese pueblo que tan bien habitás.
No importaba si la foto o el nombre coincidían con tus atributos, si lo que poseías ya me los habías donado al cien por ciento, y no convenía buscar parecidos para en un futuro inmediato volver a caer en la confusión de cartas en las que queramos desligarnos entre nosotros.Entonces para vos mejor ser, no sé, mujer o transformista y que te guste el sexo opuesto y la usurería sea tu especialidad; y que tengas un libro de autoayuda para que te enseñe las conexiones entre ocasos y estadíos de la conciencia,bueno y la enumeración cae de maduro.
No quiero con esto pretender de vos una respuesta, ni que me enviés el testamento donde me donás toda la existencia, porque ¿seguirás viviendo en la dirección postal donde yo envío esta epístola? ¿o será que te tomaste tan en serio el viejo DNI de una persona cualquiera, que ahora hasta cambiaste de domicilio? Eso implicaría molestar a otros seres, pero eso a mi no me compete. Tal vez mande estas líneas por un correo que jamás te encontrará,y eso a mi no debe importarme, porque aquí está el límite de la ligazón entre nosotros.
"No esperar respuestas"
Como si la escritura tenga el destino del aire, sin una meta fija, más allá de que el inicio tenga un "estimado ...." que hablaría de un destinatario. No. Acá está el engaño preciso y bien dilucidado. Porque todo lo que yo pude escribirte no tiene dueños en las emisiones ni en las recepciones.
Ayyyyy señor o señora de Entre Ríos, no creo que me entienda, pero cada construcción verbal aquí no fue escrita sin el amor ni sin la desdicha que acarreo en cada minutos que fluye el tiempo. Todo lo nombrado tiene demasiado mundo para mi: hay un cielo y una filosofía, hay dos corrientes de agua en lucha, hay tanto viento desgarrado por una ruta. Hya tanto tanto que ¿yo podría decir que eso es mío y que es para que usted se lo apropie?
Ohh, creo que los dos hemos entendido esto. Por eso, el silencio de meses, el respetarnos, y tu decisión de cederme la identidad entera: ahora yo existo demasiado, y vos fuiste a buscar nuevos líos por ahí, que a mi no me incumben.
Entonces, la claridad del asunto exige un brindis, una limpieza a fondo de mi pieza, un cambio en la posición de las plantas, una sonrisa a cada uno que pase por la cuadra, un...
Espero haberme hecho entender lo último por lo menos.
martes, 15 de febrero de 2011
Querido:
A veces quisiera saber qué distracción o qué inutilidad formó parte de las cosmovisiones de Kafkas o Boudelaires (por no citar a Borges). Y agarrar todo ese patrimonio de lo inútil para saber si con eso por lo menos podré encontrar colectoras o alternativas a las fatalidades del estar acá (y voy a describirlo): repitiendo entradas y salidas al mismo cuarto, y recordar que hubo una concepción de la repetición inacabable, y agarrar al gato y recordar que odas habidas y por haber serán recitadas sin nadie saber siempre que uno vuelve a levantar a ese silencio con cuatro patas, y la mañana fundamental simbolizada en tantos elementos que ya son parte de lo que yo también debo cantar.
¿Y las distracciones, y las inutilidades a dónde habrán partido?
Mientras escribo todo esto debo estar perdiendo, y por ende debes estar perdiendo, lector de la carta, tanta basura que, estoy seguro, se pueden construir monumentos desmesurados con toda esa materia.
Pero, bueh, uno está ocupado en seguir el tren de la historia y quedar aunque sea como un nombre en un catálogo de fin de año.
A veces quisiera saber qué distracción o qué inutilidad formó parte de las cosmovisiones de Kafkas o Boudelaires (por no citar a Borges). Y agarrar todo ese patrimonio de lo inútil para saber si con eso por lo menos podré encontrar colectoras o alternativas a las fatalidades del estar acá (y voy a describirlo): repitiendo entradas y salidas al mismo cuarto, y recordar que hubo una concepción de la repetición inacabable, y agarrar al gato y recordar que odas habidas y por haber serán recitadas sin nadie saber siempre que uno vuelve a levantar a ese silencio con cuatro patas, y la mañana fundamental simbolizada en tantos elementos que ya son parte de lo que yo también debo cantar.
¿Y las distracciones, y las inutilidades a dónde habrán partido?
Mientras escribo todo esto debo estar perdiendo, y por ende debes estar perdiendo, lector de la carta, tanta basura que, estoy seguro, se pueden construir monumentos desmesurados con toda esa materia.
Pero, bueh, uno está ocupado en seguir el tren de la historia y quedar aunque sea como un nombre en un catálogo de fin de año.
miércoles, 9 de febrero de 2011
Los que nunca sería una novela.
Cuando vos no tenías “posmodernidad” para pronunciar, yo tampoco tenía tus imposibilidades, don Cachito.
A vos no te llegarán ni teorías ni bibliografías, pero sí te llegará una obra pública, un turista, alguien perdido, algo que nunca alcancé. Y por eso no puedo llegarlo con la escritura.
Todo un desfasaje, necesario, y es por eso que podremos discutir, y yo como militar y vos como víctima de una guerra –esto es tan solo una metáfora- seremos la oposición tremenda, la temática del desorden.
Pero ese abrazo que existe entre nosotros, y ese diálogo de orillas diferentes, y tantas otras metáforas de la unión solamente permitidas por las confusiones de las mañanas donde todo se parece a las cosas que uno escribe para que nunca sea, pero, por ahí.
A vos no te llegarán ni teorías ni bibliografías, pero sí te llegará una obra pública, un turista, alguien perdido, algo que nunca alcancé. Y por eso no puedo llegarlo con la escritura.
Todo un desfasaje, necesario, y es por eso que podremos discutir, y yo como militar y vos como víctima de una guerra –esto es tan solo una metáfora- seremos la oposición tremenda, la temática del desorden.
Pero ese abrazo que existe entre nosotros, y ese diálogo de orillas diferentes, y tantas otras metáforas de la unión solamente permitidas por las confusiones de las mañanas donde todo se parece a las cosas que uno escribe para que nunca sea, pero, por ahí.
martes, 4 de enero de 2011
Epístola general
MI muy querido lector (que no existe):
Como todo escrito hecho para alguna vez ser leído fuera de estos ojos de quien escribe, actúo que escribo para vos, hermoso lector (que no existe).
Te figuro ahí, en ningún lugar, pero intentando como existir para que ésta carta tome rumbo y tenga buen punto, un fin con el sentido necesario para que yo siga escribiendo y pida perdón.
Sí, pido perdón por haberme ausentado tanto tiempo de éstos pagos, de éste proyecto de sentirme el cartero que lleva noticias a dos Santiagos en dos lugares diferentes del territorio nacional. El puente estaba derrumbado, y me dediqué a otros oficios bastante menos necesarios para el "mundo": hacer de payaso para los amigos, servirle mates a mi madre, besar bocas que precisaban calor, estudiar y tener una matrícula que me habilite a hablar con un poquito más de espada en mis discursos. Tantas noches variando de oficio en función de lo que me reclamaba el "mundo". Y yo accedía a los pedidos, sin burocracia previa a ejecutarlos, con el placer y el amor que siempre tengo como energia cinética y que me permite transitar las calles, los cuartos, y los patios pocos que tengo en mi patrimonio.
Cuando cambiaba el oficio, tenía un breve lapso de "cambio de vestuario": si era el universitario serio y peinado, la oficina me reclamaba camisa dentro del pantalón y cambio de peinado, ocultamiento de la calvicie y charlas acerca de otros barrios que no sean similares al que rodea a la facultad. Y en ese intervalo de transición yo pensaba -como hago en toda la línea que supuestamente esquematiza mi vida-. Pensaba en el acto de cambiarse el oficio, en qué éra cuando no era, por ejemplo, ni universitario ni oficinista. Osea pensaba en lo que estaba haciendo, y por ende siendo, acción misma, transición plena, decimales que desbordan papeles cuadriculados (y ahí la ambiguedad del número), probabilidad de uno (universitario) sobre uno (oficinista), y podría seguir con la lista de metáforas que me guardo para cuando continúe con mi oficio de escritor (el de ahora). Y, como te decía, lector (que no existe), pensaba cómo un hombre puede quitarse el mundo de las espaldas así como así, con la irresponsabilidad que se le permite a un actor cuando cambia de telenovela. La "nada" tenía tanta razón que no había imágen en los lugares que no se curven y tiendan hacia ese concepto. Pero ,aclaro, que la palabra no debe asustar: "nada" acá la empleo para decir " que no es ni una cosa ni, la otra, ni la otra, ni la otra, ni la otra (¿ad infinitum?)"
"Cuando sea grande yo quiero ser..." delimita los puntos, pasa en claro los enteros, y te canta las tantas. Grita al mundo. El reclamo está allá a lo lejos, en la cocina, armando una torta de feliz cumpleaños y en otro lado, trabajando para ganarse el sueldo y darte la educación (no sé si me explico querido lector (que no existe)).
Pero volvamos a la experiencia que te contaba. Yo tenía un proyecto de ser cartero de mentira para unir a los Santiagos bien definidamente en dos lugares de nuestra querida Argentina: un Santiago en un reducto del grosso y nunca bien ponderado Estado. Otro Santiago en la vagancia bajo soles y chusmeríos de pueblos del litoral ¿Y yo qué?Yo estaba sacrificado a la tarea de entregar noticias lejanas, y nunca mal recibidas realmente (porque así yo lo disponía). Y mirá vos, lector (que no existe): el cartero era tan importante que de él dependían dos existencias, de él dependían los dichos de uno sobre otro Santiago, de él todo el mundo. Y de él vos también dependías, lector (que no existe). Esto, entonces, era una responsabilidad tremenda, no era sólo vaso de agua o tecito de medianoche y computadora prendida. No. Es todo ésto que te escribo (con agua cerca y un gato cerca que me hincha las pelotas). Responsabilidad de llevar adelante un "mundo". No el "mundo" del cual te hablé: no el "mundo" de los que reclamaba,n como en huelga de hambre, universitarios, oficinistas, hijos buenitos, amantes ardientes, amigos payasos.
Otro mundo, el construido por capricho de alguien que dice autónomamente frente a los incrédulos: "cuando sea grande yo quiero ser...", mientras todos se iban a ser (hacer) lo reclamado (el reclamo).
¿Y qué tiene que ver esa frase con el "mundo" que invento y con pedirte perdón a vos lector (que no existe)?
Ahora que la oficina está cerrada y que hay receso de verano en la facultad, y que mi madre está avocada al horno, ahora que...
me dedico a ser un cartero que pide perdón a los lectores (que no existen) de Santiago y otro Santiago que se mandan cartas.
No quiero mentirte, lector: "cuando sea grande quiero ser escritor".Y si uno está acá, construyendo "mundo", está eligiendo la breve lectura de cartas de piedad. Y el "mundo" ése de que poco hablé , estará necesitando de Santiago en una oficina en el Estado y un Santiago respirando federalismo. Y de que vos existas, lector, para que se borren los paréntesis que dicen (que no existen). Y éstas últimas oraciones.
Con cariño,
Quien elige ser escritor.
Como todo escrito hecho para alguna vez ser leído fuera de estos ojos de quien escribe, actúo que escribo para vos, hermoso lector (que no existe).
Te figuro ahí, en ningún lugar, pero intentando como existir para que ésta carta tome rumbo y tenga buen punto, un fin con el sentido necesario para que yo siga escribiendo y pida perdón.
Sí, pido perdón por haberme ausentado tanto tiempo de éstos pagos, de éste proyecto de sentirme el cartero que lleva noticias a dos Santiagos en dos lugares diferentes del territorio nacional. El puente estaba derrumbado, y me dediqué a otros oficios bastante menos necesarios para el "mundo": hacer de payaso para los amigos, servirle mates a mi madre, besar bocas que precisaban calor, estudiar y tener una matrícula que me habilite a hablar con un poquito más de espada en mis discursos. Tantas noches variando de oficio en función de lo que me reclamaba el "mundo". Y yo accedía a los pedidos, sin burocracia previa a ejecutarlos, con el placer y el amor que siempre tengo como energia cinética y que me permite transitar las calles, los cuartos, y los patios pocos que tengo en mi patrimonio.
Cuando cambiaba el oficio, tenía un breve lapso de "cambio de vestuario": si era el universitario serio y peinado, la oficina me reclamaba camisa dentro del pantalón y cambio de peinado, ocultamiento de la calvicie y charlas acerca de otros barrios que no sean similares al que rodea a la facultad. Y en ese intervalo de transición yo pensaba -como hago en toda la línea que supuestamente esquematiza mi vida-. Pensaba en el acto de cambiarse el oficio, en qué éra cuando no era, por ejemplo, ni universitario ni oficinista. Osea pensaba en lo que estaba haciendo, y por ende siendo, acción misma, transición plena, decimales que desbordan papeles cuadriculados (y ahí la ambiguedad del número), probabilidad de uno (universitario) sobre uno (oficinista), y podría seguir con la lista de metáforas que me guardo para cuando continúe con mi oficio de escritor (el de ahora). Y, como te decía, lector (que no existe), pensaba cómo un hombre puede quitarse el mundo de las espaldas así como así, con la irresponsabilidad que se le permite a un actor cuando cambia de telenovela. La "nada" tenía tanta razón que no había imágen en los lugares que no se curven y tiendan hacia ese concepto. Pero ,aclaro, que la palabra no debe asustar: "nada" acá la empleo para decir " que no es ni una cosa ni, la otra, ni la otra, ni la otra, ni la otra (¿ad infinitum?)"
"Cuando sea grande yo quiero ser..." delimita los puntos, pasa en claro los enteros, y te canta las tantas. Grita al mundo. El reclamo está allá a lo lejos, en la cocina, armando una torta de feliz cumpleaños y en otro lado, trabajando para ganarse el sueldo y darte la educación (no sé si me explico querido lector (que no existe)).
Pero volvamos a la experiencia que te contaba. Yo tenía un proyecto de ser cartero de mentira para unir a los Santiagos bien definidamente en dos lugares de nuestra querida Argentina: un Santiago en un reducto del grosso y nunca bien ponderado Estado. Otro Santiago en la vagancia bajo soles y chusmeríos de pueblos del litoral ¿Y yo qué?Yo estaba sacrificado a la tarea de entregar noticias lejanas, y nunca mal recibidas realmente (porque así yo lo disponía). Y mirá vos, lector (que no existe): el cartero era tan importante que de él dependían dos existencias, de él dependían los dichos de uno sobre otro Santiago, de él todo el mundo. Y de él vos también dependías, lector (que no existe). Esto, entonces, era una responsabilidad tremenda, no era sólo vaso de agua o tecito de medianoche y computadora prendida. No. Es todo ésto que te escribo (con agua cerca y un gato cerca que me hincha las pelotas). Responsabilidad de llevar adelante un "mundo". No el "mundo" del cual te hablé: no el "mundo" de los que reclamaba,n como en huelga de hambre, universitarios, oficinistas, hijos buenitos, amantes ardientes, amigos payasos.
Otro mundo, el construido por capricho de alguien que dice autónomamente frente a los incrédulos: "cuando sea grande yo quiero ser...", mientras todos se iban a ser (hacer) lo reclamado (el reclamo).
¿Y qué tiene que ver esa frase con el "mundo" que invento y con pedirte perdón a vos lector (que no existe)?
Ahora que la oficina está cerrada y que hay receso de verano en la facultad, y que mi madre está avocada al horno, ahora que...
me dedico a ser un cartero que pide perdón a los lectores (que no existen) de Santiago y otro Santiago que se mandan cartas.
No quiero mentirte, lector: "cuando sea grande quiero ser escritor".Y si uno está acá, construyendo "mundo", está eligiendo la breve lectura de cartas de piedad. Y el "mundo" ése de que poco hablé , estará necesitando de Santiago en una oficina en el Estado y un Santiago respirando federalismo. Y de que vos existas, lector, para que se borren los paréntesis que dicen (que no existen). Y éstas últimas oraciones.
Con cariño,
Quien elige ser escritor.
jueves, 18 de noviembre de 2010
9° Epístola - El retomo
Mi muy deconstruido y vuelto a construir otro:
La marea de conceptos universales llevados como formas de banderas por esa manga de kirchneristas por las calles, rutas, muros, y demás parates entre Buenos Aires y Entre Ríos fue amainando con el correr de los días. Pero, como sabemos, el sabor del tumulto no se quita con una sobredosis de "elementos privados" injertados abruptamente. No, aún quedará el vocabulario inventado en esa movilización de conceptos salidos de sus casilleros: porque no es que las cosas vuelven a su "estado natural" o a su "original position", sino que la consecuencia de ésta lucha genealógica nietzscheana (espero insertar de buen modo a Nietzsche) obliga a destruir y reconceptualizar. Y así andamos, como diciendo vox populi "todo está como siempre", cuando luego de esa sentencia casi axiomática nos miramos entre nosotros en las calles y en los bares como sabiendo que estamos cometiendo el pecado capital de mentir. El silencio de los cuerpos rozándose en la cosa pública produce oximorones súper molestos para quien ésto escribe, que encima lo escribe en silencio, en silencio de trinchera para no gritar a viva voz: SON TODOS UNA MANGA DE ENKIRCHNERIZADOS. Pero ésta voz baja-nula no opera como parte de un miedo a ser atacado por medios de comunicación, 678 o adeptos a la Presidenta. Éste no querer clamar verdades (según quien ésto escribe), opera más bien como no querer terminar, según los medios masivos de comunicación (concepto bien adquirido por nacionales y populares), como un "loco bajo los efectos de narcóticos K". Es tanto el amor y el punto de fuga que ofrece pensar en dicho proceso de generare mitos, de rebautizar nombres, de tomar calles, de molestar status quo, que el silencio para quien ésto escribe es un modo de salvaguardarse huevos e inentiligibilidades.
Por eso, debo confesarte, como forma más acorde a este "retome de comunicación epistolar": me hice kirchnerista. Quiero citar para que leas en la tranquilidad cuasiselvática de Entre Ríos un ensayo de nuestro nunca mentado Leopoldo Marechal "EL POETA DEPUESTO". Quizá ahí podremos retomar el entendimiento, y tal vez reconstruyamos juntamente coneptos guardados en nuestro baúl común de conceptos.
¿ Y si nos une éste nuevo tinte que toma la política nacional? AHHH , mamma mía, que me tomo una ginebra en algún lugar cheto para festejar que los dos tomemos una bandera y que UNO Y OTRO nos fundimos en el vasto universo nacional y popular.
Espero que medites ésta nueva forma que propongo para que nuestra relación no éste primada de distancia sino de conexiones que se van tendiendo (onda topología, pero eso se lo dejamos a los científicos, que expliquen ésto último que escribo)
Un abrazo,
Santiago.-
La marea de conceptos universales llevados como formas de banderas por esa manga de kirchneristas por las calles, rutas, muros, y demás parates entre Buenos Aires y Entre Ríos fue amainando con el correr de los días. Pero, como sabemos, el sabor del tumulto no se quita con una sobredosis de "elementos privados" injertados abruptamente. No, aún quedará el vocabulario inventado en esa movilización de conceptos salidos de sus casilleros: porque no es que las cosas vuelven a su "estado natural" o a su "original position", sino que la consecuencia de ésta lucha genealógica nietzscheana (espero insertar de buen modo a Nietzsche) obliga a destruir y reconceptualizar. Y así andamos, como diciendo vox populi "todo está como siempre", cuando luego de esa sentencia casi axiomática nos miramos entre nosotros en las calles y en los bares como sabiendo que estamos cometiendo el pecado capital de mentir. El silencio de los cuerpos rozándose en la cosa pública produce oximorones súper molestos para quien ésto escribe, que encima lo escribe en silencio, en silencio de trinchera para no gritar a viva voz: SON TODOS UNA MANGA DE ENKIRCHNERIZADOS. Pero ésta voz baja-nula no opera como parte de un miedo a ser atacado por medios de comunicación, 678 o adeptos a la Presidenta. Éste no querer clamar verdades (según quien ésto escribe), opera más bien como no querer terminar, según los medios masivos de comunicación (concepto bien adquirido por nacionales y populares), como un "loco bajo los efectos de narcóticos K". Es tanto el amor y el punto de fuga que ofrece pensar en dicho proceso de generare mitos, de rebautizar nombres, de tomar calles, de molestar status quo, que el silencio para quien ésto escribe es un modo de salvaguardarse huevos e inentiligibilidades.
Por eso, debo confesarte, como forma más acorde a este "retome de comunicación epistolar": me hice kirchnerista. Quiero citar para que leas en la tranquilidad cuasiselvática de Entre Ríos un ensayo de nuestro nunca mentado Leopoldo Marechal "EL POETA DEPUESTO". Quizá ahí podremos retomar el entendimiento, y tal vez reconstruyamos juntamente coneptos guardados en nuestro baúl común de conceptos.
¿ Y si nos une éste nuevo tinte que toma la política nacional? AHHH , mamma mía, que me tomo una ginebra en algún lugar cheto para festejar que los dos tomemos una bandera y que UNO Y OTRO nos fundimos en el vasto universo nacional y popular.
Espero que medites ésta nueva forma que propongo para que nuestra relación no éste primada de distancia sino de conexiones que se van tendiendo (onda topología, pero eso se lo dejamos a los científicos, que expliquen ésto último que escribo)
Un abrazo,
Santiago.-
martes, 9 de noviembre de 2010
Nota del autor
Había corrido mucho llanto con la muerte del ex presidente. Los tumultos eran postal corriente. Saber lo que el otro había pensado, saber que de acá a veinte cuadras seguro había alguien que tenía en mente la misma cara, los mismos acontecimientos.
Y habían sido jornadas del mismo pensar y no por eso había una homogeneidad del pensamiento sino causas mismas que desembocaban en acciones diversas, coloridas y muy difíciles de contabilizar.
¿Esto es la unión? Muchos dirán: "Esto es el caos en el tránsito". Otros tendrán los pies preparados para tanto movimiento de diversas especies.
Y las cartas volaban y se confundían con en sus rutas, nadie llegaba a destino ¿Y eso está mal? Todas chocando en el aire, y cayendo en la misma plaza, haciendo de las cosas públicas un accidente, un error, un no planeado ¿Y eso lo hace menos necesario?
Los errores tienen el costo de ser bellos o ser terribles, de estar bien o estar mal, pero nunca , pero nunca serán hechos de caras que no cambian como La Chiqui, como Susana, como...
Será por eso que uno saber que se mueven las calles, y las cartas vuelan, y uno reconoce lo que no quería reconocer: que algo pasa, que el tiempo pasa, que el pueblo pasa, que el espacio pasa, que un ex presidente pasó, que...
Habia muerto un ex presidente, decía. Y Santiago no había tomado el micro hacia Buenos Aires, y Santiago había estado en la oficina.
¿Dónde estaba Santiago? Estaba fundido y comparando la cantidad de lágrimas con la cantidad de agua de la fuente en Plaza de Mayo, para de una vez por todas entender inmensidades y uniones fundamentales.
No había nadie, ni en Entre Ríos ni en la oficina. Porque estas cosas no existían en la existencia del DNI que porta Santiago en la plaza y mientras llora en una esquina pensando quizá en ese Nestor Kirchner, o quizá el pueblo movido en la marea de mareas que alguna vez, uno cantó sin que nadie lo escuche. Porque ese canto era lindo, y ahi está la carta que faltaba.
Santiago nunca había existido, en ninguna parte, Santiago era un anónimo que se pierde en las calles que llevan a Plaza de Mayo.
Y eso era lo que importaba a todos.
Y habían sido jornadas del mismo pensar y no por eso había una homogeneidad del pensamiento sino causas mismas que desembocaban en acciones diversas, coloridas y muy difíciles de contabilizar.
¿Esto es la unión? Muchos dirán: "Esto es el caos en el tránsito". Otros tendrán los pies preparados para tanto movimiento de diversas especies.
Y las cartas volaban y se confundían con en sus rutas, nadie llegaba a destino ¿Y eso está mal? Todas chocando en el aire, y cayendo en la misma plaza, haciendo de las cosas públicas un accidente, un error, un no planeado ¿Y eso lo hace menos necesario?
Los errores tienen el costo de ser bellos o ser terribles, de estar bien o estar mal, pero nunca , pero nunca serán hechos de caras que no cambian como La Chiqui, como Susana, como...
Será por eso que uno saber que se mueven las calles, y las cartas vuelan, y uno reconoce lo que no quería reconocer: que algo pasa, que el tiempo pasa, que el pueblo pasa, que el espacio pasa, que un ex presidente pasó, que...
Habia muerto un ex presidente, decía. Y Santiago no había tomado el micro hacia Buenos Aires, y Santiago había estado en la oficina.
¿Dónde estaba Santiago? Estaba fundido y comparando la cantidad de lágrimas con la cantidad de agua de la fuente en Plaza de Mayo, para de una vez por todas entender inmensidades y uniones fundamentales.
No había nadie, ni en Entre Ríos ni en la oficina. Porque estas cosas no existían en la existencia del DNI que porta Santiago en la plaza y mientras llora en una esquina pensando quizá en ese Nestor Kirchner, o quizá el pueblo movido en la marea de mareas que alguna vez, uno cantó sin que nadie lo escuche. Porque ese canto era lindo, y ahi está la carta que faltaba.
Santiago nunca había existido, en ninguna parte, Santiago era un anónimo que se pierde en las calles que llevan a Plaza de Mayo.
Y eso era lo que importaba a todos.
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